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El papel de la refrigeración en la economía global

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El papel de la refrigeración en la economía global

Pocas tecnologías han transformado tan profundamente la civilización moderna y, a la vez, recibido tan poca atención pública como la refrigeración. No aparece en los debates electorales, rara vez ocupa portadas y casi nunca se enseña como lo que es: una de las infraestructuras fundamentales de la economía global. Sin embargo, basta con imaginar un solo día sin ella —un solo día en el que fallaran las cámaras frigoríficas, los contenedores refrigerados, los sistemas de conservación de vacunas o los aires acondicionados de hospitales y centros de datos— para comprender la magnitud de nuestra dependencia.

El Instituto Internacional de la Refrigeración (IIR), la única organización intergubernamental dedicada exclusivamente a esta materia, lo expresa con una fórmula que debería figurar en cualquier manual de economía: la refrigeración es la columna vertebral invisible de la civilización. No se limita a mantener las cosas frías; preserva la vida, protege la salud y mueve el crecimiento económico. En 2024 —el año más cálido jamás registrado— había en funcionamiento en el mundo alrededor de 5.400 millones de equipos de refrigeración, una cifra que rivaliza con la población humana y que sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, especialmente en las economías emergentes.

Esta artículo pretende reflexionar sobre el papel de la refrigeración en la economía global desde una perspectiva amplia: su peso económico y laboral, su contribución a la seguridad alimentaria y a la salud pública, su paradójica relación con el cambio climático y, finalmente, la cuestión quizá más incómoda de todas: la profunda desigualdad en el acceso al frío. Porque si algo enseña el análisis riguroso de este sector es que el frío, como tantos otros recursos, está distribuido de manera flagrantemente injusta en el planeta.

1. La refrigeración como infraestructura crítica del comercio y la productividad

Montacargas cargando cajas dentro de un almacén refrigerado

La refrigeración ha trascendido su condición original de simple conveniencia para convertirse en una infraestructura crítica sin la cual no puede sostenerse la economía global moderna. Su función va más allá del almacenamiento de productos perecederos; actúa como un facilitador indispensable del comercio internacional, un generador de valor agregado y un motor de oportunidades económicas en sectores estratégicos como la agricultura, la logística y la farmacéutica. La capacidad de mantener temperaturas controladas a lo largo de toda la cadena de suministro —desde la cosecha hasta la venta minorista— permite la especialización geográfica, la expansión de mercados y la optimización de recursos, transformando por completo la forma en que la humanidad produce y consume bienes. Sin una red robusta de cadenas de frío, la globalización de la alimentación, por ejemplo, sería una imposibilidad logística y económica. Los productos agrícolas, que constituyen una parte significativa del comercio mundial, dependen críticamente de la refrigeración para preservar su calidad y extender su vida útil, permitiendo su transporte a largas distancias y su comercialización en mercados globales.

La interrupción de esta infraestructura tiene consecuencias económicas directas y medibles, como demuestra el caso del sector exportador de frutas de Sudáfrica, donde fallos operativos en el puerto de Cape Town provocaron pérdidas directas que superaron los 350 millones de rands en una sola temporada y pusieron en riesgo un inventario adicional valorado en mil millones de rands. Este ejemplo ilustra cómo la debilidad de un único eslabón en la cadena de frío puede tener un impacto devastador en el comercio internacional y la estabilidad de un sector económico clave.

El impacto económico de la refrigeración se manifiesta de múltiples formas. En primer lugar, crea nuevos mercados y amplifica la demanda de servicios relacionados. El mercado global de tecnología de refrigeración sostenible, por ejemplo, está experimentando un crecimiento acelerado, proyectándose que aumente de 52.9 mil millones de dólares en 2026 a 124.1 mil millones para 2036, con una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) del 8.9%. Esta cifra refleja una transición económica hacia tecnologías más eficientes y menos contaminantes, impulsada tanto por la innovación como por la regulación. De manera similar, el mercado africano de logística de cadenas de frío está en plena expansión, con una valoración estimada de 14.45 mil millones de dólares en 2025 y una proyección de crecimiento a una CAGR del 4.02% entre 2026 y 2031 Estos datos indican que la inversión en refrigeración no es solo una necesidad funcional, sino también una oportunidad de negocio significativa. En segundo lugar, la refrigeración es un potente multiplicador de valor económico dentro de la producción. Para los productores primarios, especialmente en el sector agrícola, la implementación de una cadena de frío adecuada puede aumentar sus ingresos hasta en un 50%. Esto se debe a que la conservación de la calidad de los productos permite a los agricultores acceder a mercados de mayor valor, obtener precios más altos y reducir las pérdidas postcosecha. La construcción y operación de esta infraestructura generan empleo directo e indirecto en áreas como la ingeniería, la construcción, la logística, el mantenimiento de equipos y el transporte, contribuyendo así a la creación de riqueza y oportunidades laborales cualificadas. Finalmente, la refrigeración es un factor clave en la competitividad de las economías emergentes. Países con recursos agrícolares abundantes, como Nigeria, pueden mejorar su posicionamiento en el mercado global si invierten en infraestructura de refrigeración, lo que les permitiría reducir las pérdidas postcosecha y aumentar la competitividad de sus productos hortícolas en el extranjero.

Sin embargo, la inacción o la baja inversión en este ámbito representa una fuente activa de pérdida de riqueza y oportunidades económicas. La falta de refrigeración adecuada es una de las principales causas del desperdicio de alimentos a nivel mundial. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aproximadamente uno de cada tres productos alimenticios producidos se pierde o desperdicia anualmente, lo que equivale a una pérdida económica global de unos 936 mil millones de dólares. En países de ingresos bajos y medios, la situación es aún más grave; se estima que al menos el 25% de la producción de productos frescos se pierde debido a la insuficiente infraestructura de cadenas de frío. En algunas regiones de África, estas pérdidas pueden alcanzar el 40% del total de la producción de alimentos. Estas pérdidas no son meramente una cuestión de escasez, sino una enorme disipación de recursos económicos, incluyendo la tierra, el agua, la mano de obra y los fertilizantes utilizados para producir comida que nunca llega al consumidor final. Además, estos costes de producción perdidos se ven repercutidos en los precios finales, contribuyendo a la inseguridad alimentaria y a la carga financiera sobre los hogares. La siguiente tabla resume algunos de los costes económicos directos y potenciales atribuidos a la ineficiencia de la refrigeración en diferentes regiones.

IndicadorRegión/PaísCoste/Impacto Económico
Pérdidas PostcosechaBajos y medianos ingresos≥ 25 % de la producción de productos frescos perdida
Pérdidas Totales de AlimentosÁfrica~ 50 % del alimento producido se desperdicia
Pérdidas Totales de AlimentosNigeriaRepresenta el 40 % de la producción nacional
Pérdidas en ExportaciónSudáfrica (Fruta)> R350 millones en pérdidas directas en una temporada
Aumento de Ingresos AgrícolasAplicación de Cadena de FríoHasta un 50 % de aumento en los ingresos de los agricultores
Mercado Africano de Logística de Cadena de FríoÁfricaProyección de CAGR del 4.02 % (2026-2031)

En resumen, la dimensión económica de la refrigeración es profunda y multifacética. Es un componente estructural de la economía global que impulsa el comercio, genera valor, crea empleo y fomenta el desarrollo. La debilidad de sus componentes, como se observa en muchas partes de África, no es simplemente una deficiencia técnica, sino una limitación económica severa que priva a las economías de ingresos, oportunidades y competitividad. Por lo tanto, invertir en refrigeración no es un gasto, sino una inversión estratégica en la resiliencia y el crecimiento económico.

2. Garante de la salud pública y la equidad social en la cadena de valor global

Cajas de medicamentos dentro de un almacén

Más allá de su papel en el espectro económico, la refrigeración es un pilar fundamental para la salud humana y la justicia social. Su función en la cadena de frío es tan vital para la supervivencia y el bienestar como lo es para la ganancia económica. La capacidad de mantener productos sensibles a la temperatura, principalmente alimentos frescos y vacunas médicas, en un rango seguro, es una herramienta poderosa para garantizar la seguridad alimentaria, proteger la salud pública y promover el desarrollo equitativo, especialmente en comunidades rurales y marginadas. La cadena de frío para vacunas es un ejemplo paradigmático de su importancia crítica. Organizaciones como UNICEF distribuyen casi tres mil millones de dosis de vacunas anualmente, suficientes para inmunizar a casi la mitad de los niños del mundo. Para que estas vacunas sean efectivas, deben mantenerse en todo momento dentro de un rango de temperatura específico, típicamente entre +2°C y +8°C. Un desvío de esta temperatura puede destruir la potencia de la vacuna, haciendo que sea ineficaz y, en el peor de los casos, perjudicial. La cadena de frío es, por lo tanto, una red de eventos coordinados en entornos controlados térmicamente, desde el fabricante hasta el punto de administración final. La debilidad de cualquier eslabón en esta cadena, especialmente en áreas remotas con acceso limitado a la energía eléctrica, puede llevar a la pérdida millonaria de dosis valiosas y poner en peligro los programas de inmunización nacionales.

La pandemia de COVID-19 subrayó de manera drástica la vulnerabilidad y la urgencia de una cadena de frío robusta. El desarrollo de vacunas de ARNm requería condiciones de almacenamiento mucho más estrictas, a temperaturas ultrafrías de entre –60°C y -80°C. Ante esta nueva realidad, UNICEF tuvo que escalar rápidamente la capacidad de ultrafrío a nivel mundial, entregando más de 800 congeladores a casi 70 países en 2021, una tarea que normalmente tomaría años pero que se completó en solo cuatro meses. Esta acción demostró que la disponibilidad de equipos de ultrafrío, como los recibidos por Zambia, puede expandir drásticamente la capacidad de un país para gestionar una crisis sanitaria y ofrecer protección a su población. Además, la necesidad de mantener la cadena de frío durante el transporte ha llevado a la exploración de métodos más sostenibles y eficientes. Por ejemplo, UNICEF ha comenzado a utilizar el transporte marítimo para cargamentos refrigerados, una solución que podría reducir las emisiones de GEI en un 90% y los costes de flete en un 50% en comparación con el transporte aéreo tradicional. Estas iniciativas no solo aseguran la salud pública, sino que también optimizan los recursos y reducen el impacto ambiental de la respuesta sanitaria global.

En el ámbito de la seguridad alimentaria, la refrigeración cumple una función doble: previene la pérdida de alimentos y asegura que los productos que llegan al consumidor sean seguros y nutritivos. En regiones como África, donde se estima que se desperdicia el 50% del alimento producido, la falta de infraestructura de refrigeración es un obstáculo directo para la lucha contra el hambre. Existe una paradoja notable en países como Sudáfrica, que es un exportador neto de alimentos pero donde más del 63% de los hogares enfrentan alguna forma de inseguridad alimentaria. Las pérdidas postcosecha contribuyen a esta disparidad al elevar los precios para los consumidores finales, ya que los costes de la producción desperdiciada (tierra, agua, trabajo) son absorbidos por el resto de la cadena de valor. Una cadena de frío eficiente podría mitigar esta situación al reducir el desperdicio y, por lo tanto, estabilizar los precios. La refrigeración permite que los pequeños agricultores conserven sus cosechas después de la cosecha, eviten ser explotados por intermediarios locales y comercialicen sus productos fuera de la temporada local, mejorando así sus ingresos y su estabilidad económica. Se estima que la implementación de una cadena de frío puede aumentar los ingresos de los agricultores hasta en un 50%, lo que contribuye a crear un desarrollo más equitativo y a reducir las desigualdades en el acceso a alimentos nutritivos. Sin embargo, el acceso a estas soluciones sigue siendo un desafío. En Nigeria, por ejemplo, el 70% de los agricultores no están familiarizados con los sistemas de almacenamiento refrigerado ni con opciones de energía renovable como las soluciones solares, y el acceso al crédito para invertir en este tipo de infraestructura es extremadamente limitado debido a la percepción de los bancos de que no existe un caso de negocio sólido. Superar estas barreras de conocimiento y financiación es crucial para aprovechar el potencial de la refrigeración como herramienta de desarrollo social y económico.

3. La paradoja estructural: Refrigeración, desperdicio alimentario y emisiones climáticas

Naranjas malogradas en vertedero

La refrigeración, aunque indispensable para la economía y la sociedad modernas, presenta una profunda paradoja ambiental. Por un lado, es una herramienta clave para mitigar el desperdicio de alimentos, una causa secundaria de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); por otro, su propia operación y los fluidos que utiliza son una de las principales fuentes de contaminación climática. Esta dualidad convierte al sector de la refrigeración en un campo de tensión donde la búsqueda de soluciones sostenibles es una necesidad imperiosa. El problema se manifiesta a través de dos vías principales de impacto ambiental. Primero, el consumo energético directo de los equipos de refrigeración y aire acondicionado es masivo. En Estados Unidos, por ejemplo, los sistemas de calefacción y refrigeración representan el 42% del consumo de energía en los hogares. Con la creciente demanda de refrigeración en todo el mundo, impulsada por el crecimiento poblacional, la urbanización y el aumento de los niveles de ingresos, este consumo energético seguirá aumentando, contribuyendo proporcionalmente a las emisiones de CO₂ si la energía proviene de fuentes fósiles. Segundo, y quizás más críticamente, la historia de la refrigeración está marcada por el uso de fluidos refrigerantes sintéticos, como los hidrofluorocarbonos (HFC), que son potentes GEI. Aunque fueron adoptados como sustitutos de los anteriores CFC, que dañaban la capa de ozono, los HFC tienen un potencial de calentamiento global (PCG) miles de veces superior al del dióxido de carbono. Las emisiones globales de F-gases se estimaron en 137.71 millones de toneladas de equivalente CO₂ en 2024, una cifra estable pero significativa en el contexto de los objetivos climáticos globales. A pesar de las restricciones regulatorias, las fugas de estos gases durante el ciclo de vida de los equipos y su eliminación incorrecta continúan siendo una fuente importante de emisiones.

Esta paradoja se ve exacerbada por el hecho de que el desperdicio de alimentos, una de las principales víctimas de la falta de refrigeración, es una contribuyente climática importante. Como se mencionó anteriormente, el desperdicio de alimentos representa alrededor del 8% de las emisiones de GEI a nivel mundial. Esto significa que cada tonelada de comida que se tira representa una disipación de todas las emisiones de carbono generadas durante su producción, procesamiento, transporte y almacenamiento. Por lo tanto, la ineficiencia de la cadena de frío no solo es una pérdida económica, sino también una amenaza ambiental directa. La siguiente tabla detalla las repercusiones ambientales de la interconexión entre refrigeración, alimentos y clima.

AspectoImpacto AmbientalDatos y Contexto
Emisiones de F-gasesPotentes GEILas emisiones de F-gases se estimaron en 137.71 MtCO₂e en 2024
Consumo EnergéticoContribución a las emisiones de CO₂El 42% del consumo energético residencial en EE.UU. corresponde a calefacción y refrigeración
Desperdicio de AlimentosFuente de emisiones indirectasEl desperdicio de alimentos representa el 8% de las emisiones de GEI globales
Impacto en ÁfricaDoble carga de pérdida y emisionesEn Nigeria, el 40% de la comida desperdiciada equivale al 31% del uso de la tierra del país
Soluciones SolaresReducción de emisionesEliminan la necesidad de generadores de diesel, que son caros y contaminantes

La solución a esta paradoja no reside en abandonar la refrigeración, sino en reinventarla. La clave está en una transición hacia sistemas más eficientes y sostenibles que aborden simultáneamente tanto el consumo energético como la toxicidad de los refrigerantes. Aquí es donde entra en juego la innovación tecnológica y un marco regulatorio cada vez más estricto. El desarrollo de nuevas tecnologías busca minimizar el impacto ambiental en cada etapa del proceso. Por ejemplo, el uso de refrigerantes naturales como el amoníaco (NH₃), el dióxido de carbono (CO₂) y los hidrocarburos (como el propano y el butano) está ganando terreno, ya que tienen un PCG prácticamente nulo. Adicionalmente, han surgido alternativas sintéticas de nueva generación, como los hidrofluoroolefinas (HFO), que combinan un bajo GWP con buena eficiencia energética. Estos avances tecnológicos son complementados por soluciones de enfriamiento alternativas que no dependen de refrigerantes químicos, expandiendo el abanico de opciones disponibles. La integración de energías renovables, especialmente la refrigeración solar, se perfila como una solución particularmente prometedora, especialmente para regiones con acceso limitado a la red eléctrica, como muchas zonas rurales de África. La tecnología Solar Direct Drive, desarrollada para refrigeradores de vacunas, utiliza paneles solares para alimentar directamente el compresor y almacena el frío en un banco de hielo, eliminando la necesidad de baterías y combustibles fósiles. Esta solución no solo reduce drásticamente las emisiones, sino que también elimina los costes operativos recurrentes asociados a los generadores de diesel, que son caros y difíciles de mantener. La adopción de estas soluciones sostenibles ofrece una «venta cruzada» de beneficios, abordando problemas económicos y sociales al mismo tiempo que se protege el medio ambiente.

4. La transición hacia una refrigeración sostenible: Innovación tecnológica y marco regulatorio

Centro de almacenamiento refrigerado moderno con paneles solares en el techo

La resolución de la paradoja ambiental de la refrigeración depende de una transición acelerada impulsada por una combinación sinérgica de innovación tecnológica y un marco regulatorio global y nacional cada vez más estricto. Este movimiento no es meramente voluntario, sino una respuesta obligada a los imperativos científicos y políticos para combatir el cambio climático. La industria y los gobiernos están colaborando para desarrollar y desplegar soluciones que sean simultáneamente más eficientes energéticamente y que utilicen refrigerantes con un menor impacto climático. La base de esta transición se encuentra en el Protocolo de Montreal y su Kigali Amendment, un tratado internacional diseñado para proteger la capa de ozono y, de manera creciente, para abordar las emisiones de gases con alto potencial de calentamiento global. El Kigali Amendment, en particular, establece un calendario multilateral para la reducción gradual del consumo y la producción de hidrofluorocarbonos (HFC), que, aunque no dañan la capa de ozono, son gases de efecto invernadero extremadamente potentes. Como de ilustración, grandes potencias como China y Estados Unidos han ratificado este acuerdo, comprometiéndose a liderar la fase de estos gases. Para 2025, China ya había lanzado su plan nacional para la implementación de este protocolo, y para 2024, los límites para las industrias chinas empezaron a aplicarse. A fecha de abril de 2026, 172 estados y la Unión Europea habían ratificado la enmienda, lo que demuestra un consenso global sin precedentes sobre la necesidad de actuar.

Los resultados de estas acciones regulatorias ya son visibles. En la Unión Europea, la legislación sobre F-gases introducida entre 2014 y 2022 resultó en una disminución del 25% en las emisiones de estos gases, lo que se tradujo en una reducción equivalente a casi 100 millones de toneladas de CO₂. Proyecciones indican que una implementación completa de las regulaciones europeas podría llevar a una disminución de las emisiones de hasta el 81% para 2050. Estas cifras demuestran que la regulación bien diseñada y ejecutada puede generar cambios ambientales tangibles y significativos. A nivel nacional, otros países están siguiendo un camino similar. Portugal, por ejemplo, ha desarrollado planes específicos para mitigar las emisiones de F-gases, con el objetivo de lograr una reducción de hasta el 91% bajo ciertos escenarios. Esta acción regulatoria crea un marco predecible para la industria, incentivando la inversión en investigación y desarrollo de alternativas sostenibles. El mercado se está adaptando rápidamente a estas nuevas normativas. Los fabricantes de equipos de refrigeración y aire acondicionado han realizado inversiones masivas en la producción de sistemas que utilizan refrigerantes naturales o alternativas sintéticas de bajo GWP. Esta tendencia se refleja en el crecimiento explosivo del mercado de tecnología de refrigeración sostenible, que se espera que alcance los 124.1 mil millones de dólares para 2036.

Paralelamente a la acción regulatoria, la innovación tecnológica está proporcionando las herramientas para hacer realidad una refrigeración más limpia. La investigación se centra en varios frentes. En primer lugar, el desarrollo de refrigerantes de bajo GWP, como se mencionó, es un área de intensa actividad. En segundo lugar, se está investigando una nueva generación de tecnologías de enfriamiento que no dependen de los ciclos termodinámicos tradicionales basados en refrigerantes. Estas tecnologías alternativas, como la refrigeración termoeléctrica o la adsorción, pueden complementar la transición hacia refrigerantes más seguros y expandir el conjunto de soluciones disponibles. En tercer lugar, la integración de la refrigeración con energías renovables es una estrategia clave para abordar el doble problema de los refrigerantes y el consumo energético. Los sistemas de refrigeración solar, en particular, están demostrando ser una solución viable y rentable en muchas partes del mundo, eliminando la dependencia de la red eléctrica y de los generadores de diésel. Finalmente, la digitalización y la inteligencia artificial están comenzando a jugar un papel en la optimización de las cadenas de frío. Los sistemas de monitoreo de temperatura automatizados, la predicción de la demanda y los modelos de precios dinámicos basados en IA pueden ayudar a reducir el desperdicio de alimentos al garantizar que los productos se mantengan en las mejores condiciones posibles durante todo su recorrido. Aunque la implementación de estas tecnologías enfrenta obstáculos como la necesidad de infraestructura de conectividad y la formación de personal, su potencial para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad es innegable. La convergencia de una política climática ambiciosa y una innovación tecnológica vibrante está forjando un nuevo paradigma para la refrigeración, uno que busca reconciliar su indispensable papel en la civilización moderna con la necesidad urgente de proteger el sistema climático del planeta.

Conclusiones

El análisis de la refrigeración en la economía global revela una verdad compleja y matizada: es un sistema nervioso central de la civilización contemporánea, cuya ausencia o debilidad paraliza la economía, socava la salud pública y perpetúa la inequidad social. Su importancia trasciende la simple función de mantener las cosas frías; es un catalizador de valor económico, un garante de derechos fundamentales y un desafío crítico para la sostenibilidad climática. La evidencia acumulada demuestra una profunda interdependencia entre sus dimensiones económica, social y ambiental. Una cadena de frío eficiente no solo reduce pérdidas económicas cuantiosas, que se estiman en cientos de miles de millones de dólares anuales a nivel mundial, sino que también mejora la seguridad alimentaria, asegura el acceso a vacunas vitales y, al reducir el desperdicio de alimentos, disminuye indirectamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Por el contrario, la inacción en este sector tiene costes multidimensionales que afectan a todos los aspectos de la sociedad y el medio ambiente.

La reflexión final sobre el papel de la refrigeración nos confronta con una serie de dilemas y oportunidades. El principal dilema es la paradoja estructural que enfrenta el sector: es indispensable para el bienestar humano y la prosperidad económica, pero su modelo de funcionamiento histórico y actual es una amenaza para el clima. La solución a esta paradoxa no es eliminar la refrigeración, sino transformarla radicalmente. La transición hacia una refrigeración sostenible está en marcha, impulsada por un movimiento global sin precedentes que combina la acción regulatoria, como la Enmienda de Kigali, con una innovación tecnológica frenética centrada en refrigerantes de bajo potencial de calentamiento global y la integración con energías renovables. Sin embargo, este proceso no está exento de desafíos. La brecha en el acceso a la refrigeración entre las naciones ricas y pobres sigue siendo una preocupación mayoy. En muchos países de África, por ejemplo, la falta de infraestructura, la energía eléctrica inestable y el alto costo de los equipos crean un cuello de botella que limita el desarrollo económico y agrava la inseguridad alimentaria. Superar estas barreras requiere más que tecnología; necesita una gobernanza eficaz, una planificación urbana y regional cuidadosa, y modelos de financiación innovadores que puedan superar las barreras de entrada para los pequeños agricultores y los sistemas de salud públicos.

En última instancia, el futuro de la refrigeración es inseparable del futuro de la sostenibilidad global. La inversión en infraestructura de refrigeración no debe verse como un gasto opcional, sino como una inversión estratégica en la resiliencia económica, la justicia social y la estabilidad climática. Un enfoque holístico que considere simultáneamente los beneficios económicos, los imperativos sociales y los límites ambientales es el único camino viable. Los proyectos de refrigeración, como las soluciones solares para vacunas en zonas rurales, deben ser evaluados no solo por su eficiencia técnica, sino por su capacidad para generar un impacto positivo y multifacético. La refrigeración de hoy es un producto de décadas de innovación industrial, pero la refrigeración del mañana debe ser un producto de una era de conciencia sistémica. La pregunta no es si podremos permitirnos invertir en refrigeración sostenible, sino si podemos permitirnos no hacerlo. La economía global, la salud de sus ciudadanos y la salud de nuestro planeta dependen de la respuesta que demos a esta pregunta.

Acerca del autor:

Jeny Zabarburú es Gerente General de Zabarburu Business Group, con más de 25 años de experiencia en la dirección de operaciones en logística refrigerada y comercio internacional. A lo largo de su trayectoria ha consolidado un liderazgo reconocido en la industria de la cadena de frío para productos perecederos, impulsando activamente las Buenas Prácticas y la Sostenibilidad como pilares fundamentales del sector.

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