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Fenómeno El Niño 2026: El reto logístico de los perecederos

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El año 2026 ha traído consigo una certeza que ya no admite dudas: el Fenómeno El Niño ha regresado y las proyecciones indican que podría convertirse en uno de los eventos más intensos de las últimas décadas. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y múltiples centros de investigación climática han confirmado que las condiciones de El Niño están presentes y se espera que se fortalezcan hacia el invierno 2026-2027 del hemisferio norte.

Este fenómeno no es una amenaza exclusivamente peruana ni latinoamericana. Es un evento global que alterará patrones climáticos en todos los continentes, con repercusiones directas sobre la producción agrícola, la pesca, la energía, la infraestructura crítica y, de manera particularmente sensible, las cadenas de suministro de productos perecederos y la cadena de frío que los sostiene.

El propósito de esta nota informativa es triple: en primer lugar, comprender con rigor científico pero con lenguaje accesible qué está ocurriendo y qué nos espera; en segundo lugar, analizar críticamente cómo estos impactos afectarán específicamente a la logística de perecederos en el Perú y en el mundo; y en tercer lugar —quizás el más importante—, ofrecer pautas concretas de preparación, mitigación y respuesta para todos los actores logísticos, con especial énfasis en la filosofía preventiva que debe regir nuestras acciones en este momento.

Como actores logísticos, no podemos darnos el lujo de la improvisación. La alerta ya está allí. Hemos sido avisados con suficiente antelación y no habrá justificación para los lamentos posteriores. Esta nota es, ante todo, una invitación a la acción conjunta y a la preparación responsable.

1. Fundamentos del Fenómeno El Niño 2026

Fenómeno El Niño 2026

1.1. ¿Qué es el Fenómeno El Niño?

El Fenómeno El Niño es un evento climático natural y cíclico que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial. Su nombre tiene un origen histórico: los pescadores peruanos del siglo XIX observaron que una corriente marina cálida llegaba a las costas del país en fechas cercanas a la Navidad, razón por la cual la bautizaron «El Niño» en alusión al Niño Jesús.

Científicamente, El Niño forma parte de lo que se denomina El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón climático natural y recurrente que alterna entre tres fases: una cálida (El Niño), una fría (La Niña) y una fase intermedia neutral. Durante El Niño, los vientos alisios del este que normalmente empujan las aguas cálidas hacia el oeste (Indonesia y Australia) se debilitan o incluso se invierten, permitiendo que una masa de agua anómalamente cálida se desplace hacia el este, a lo largo del ecuador.

Este calentamiento oceánico altera la circulación atmosférica global, modificando patrones de precipitación, temperatura y presión en prácticamente todos los continentes. Las consecuencias incluyen lluvias torrenciales e inundaciones en algunas regiones y sequías prolongadas en otras, junto con un incremento en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos.

1.2. El Niño Costero vs. El Niño Global: Dos caras de una misma amenaza

Una distinción fundamental —especialmente para el Perú— es la diferencia entre El Niño Costero y El Niño Global (también conocido como Niño Oceánico o Niño del Pacífico Central).

El Niño Costero es un calentamiento anómalo localizado exclusivamente en las aguas frente a las costas de Perú y Ecuador, en la región conocida como Niño 1+2. Ocurre cuando los vientos del norte se intensifican y empujan una masa de agua cálida proveniente del Ecuador hacia el sur, mientras los vientos que normalmente «limpiarían» ese calor no se manifiestan con suficiente fuerza. El mar se estanca y se calienta rápidamente, generando mayor inestabilidad atmosférica que favorece tormentas e intensas precipitaciones en la costa norte del país.

Por su parte, El Niño Global se desarrolla en el Pacífico central (región Niño 3.4), tiene una escala mucho mayor y sus efectos son de alcance planetario. Este fenómeno está más directamente ligado al ENOS propiamente dicho y puede producir sequías en la Amazonía y los Andes, así como alterar el clima de China, India, Australia y otras regiones del mundo.

Lo particularmente preocupante de la situación actual es que ambos fenómenos podrían coincidir o concatenarse. Según la Comisión Multisectorial ENFEN, el Niño Costero ya se encuentra activo y podría extenderse hasta noviembre de 2026. Simultáneamente, el Niño Global comenzaría a desarrollarse entre junio y agosto. Si este «relevo» se concreta, el mar peruano no lograría enfriarse durante el invierno, extendiendo y amplificando los impactos hasta el verano de 2027.

1.3. El contrapeso: ¿Qué es el Fenómeno La Niña y cómo se relaciona con El Niño?

La Niña es la fase opuesta del ENOS: se caracteriza por temperaturas inusualmente frías en la superficie del Océano Pacífico ecuatorial oriental y por una intensificación de los vientos alisios del este. Mientras El Niño comporta aguas cálidas e inestabilidad atmosférica, La Niña trae consigo aguas más frías y una estabilidad reforzada.

El ciclo ENOS exhibe una periodicidad irregular de dos a siete años. Desde finales de 2020 hasta principios de 2023 se produjo un episodio plurianual de La Niña, seguido por el intenso episodio de El Niño de 2023-2024. Las condiciones neutras prevalecieron hasta fines de 2025, cuando brevemente se instalaron condiciones débiles de La Niña. A inicios de 2026, el sistema retornó a fase neutra y ahora evoluciona rápidamente hacia El Niño.

Comprender este ciclo es esencial porque cada transición implica cambios bruscos en los patrones climáticos. La transición de La Niña a El Niño —particularmente cuando se anticipa un evento de intensidad significativa— exige una preparación que considere no solo el evento en sí, sino también la volatilidad inherente a estos períodos de transición.

1.4. El Niño 2026: Proyecciones de intensidad y cronología

Las proyecciones actuales son claras y contundentes. Según el boletín oficial de la OMM de junio de 2026, existe una probabilidad del 80% de que se instaure un episodio de El Niño entre junio y agosto, con probabilidades cercanas o superiores al 90% de que estas condiciones se consoliden al menos hasta noviembre.

La NOAA, por su parte, ha elevado aún más la alerta: su Discusión Diagnóstica del ENOS de junio 2026 indica que existe un 63% de probabilidad de un El Niño «muy fuerte» durante el trimestre noviembre-enero, lo que lo posicionaría entre los eventos más grandes del registro histórico desde 1950. Los modelos del Consenso Multimodelo de Norteamérica (NMME) pronostican una intensificación sostenida hasta el invierno boreal 2026-2027.

¿Qué significa «muy fuerte»? La clasificación operativa del ENOS utiliza como indicador principal el Índice Oceánico Niño (ONI), basado en las anomalías de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4. Un evento se considera «muy fuerte» cuando el ONI supera los +2.0°C durante al menos tres meses consecutivos. Eventos de esta magnitud —como los de 1982-83, 1997-98 y 2015-16— han dejado huellas indelebles en la historia climática y económica del planeta.

Es importante aclarar que la OMM no utiliza oficialmente el término «superepisodio» o «Súper Niño», ya que no forma parte de las clasificaciones operativas normalizadas. Sin embargo, la comunidad científica y los medios de comunicación han adoptado coloquialmente esta expresión para referirse a eventos de extraordinaria intensidad que podrían igualar o superar los más graves registrados. Lo que sí es innegable es que, dada la base de calentamiento global sobre la que se superpone este evento —el planeta ya se ha calentado aproximadamente 1.46°C respecto al período preindustrial— las consecuencias podrían ser más severas que en episodios anteriores de intensidad comparable.

1.5. Geografía del impacto global: Regiones y corredores logísticos internacionales amenazados

El impacto de El Nino 2026 no se limitará al Pacifico sudamericano. Sus efectos, mediados por las teleconexiones climáticas, se extenderán por todo el planeta, afectando regiones productivas y corredores logísticos estratégicos.

En América del Sur, el sur del continente (sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, norte de Argentina) experimentara precipitaciones superiores a lo normal, con riesgo de inundaciones fluviales que afectaran la navegabilidad de los ríos Paraná y Paraguay, corredores hidrovías vitales para el transporte de granos y minerales. Por el contrario, América Central, el Caribe y el norte de Sudamérica (incluyendo Colombia y Venezuela) enfrentaran condiciones más secas, comprometiendo la producción de café, cacao, banano y cana de azúcar.

En el sudeste asiático y Australia, El Nino se asocia con sequias severas, reducción de las lluvias monzónicas y mayor riesgo de incendios forestales. Indonesia, Tailandia, Vietnam y Australia son productores clave de palma aceitera, arroz, caucho, carbón térmico y minerales que alimentan las cadenas de suministro globales. La reducción de sus exportaciones generara presiones inflacionarias y escasez de materias primas.

En África oriental, particularmente en el Cuerno de África, las perspectivas apuntan a precipitaciones inferiores a lo normal durante la próxima estación lluviosa, afectando la producción de café, te y productos agrícolas de subsistencia. En la costa oeste de Estados Unidos, las lluvias intensas y eventos climáticos extremos impactaran puertos y corredores logísticos clave.

Los corredores logísticos marítimos internacionales enfrentaran múltiples presiones. El Canal de Panama, por donde transita entre el 3% y 6% del comercio mundial, evalúa medidas preventivas ante un posible déficit hídrico. Durante el episodio anterior (2023-2024), la sequía obligo a reducir el tránsito de buques en un 30-50%, generando cuellos de botella y encarecimiento de fletes que afectaron directamente al Perú. El Canal de Suez, vital para el comercio entre Asia y Europa, enfrenta riesgos asociados a eventos climáticos extremos que afectan la infraestructura portuaria.

1.6. Perú en el epicentro: zonas y corredores económicos más vulnerables

El Peru se encuentra en una posición geográfica singularmente vulnerable frente a El Nino. Su litoral desértico, concentrado en una estrecha franja entre el océano Pacifico y la cordillera de los Andes, alberga al 60% de su población y la mayor parte de su infraestructura económica. Esta configuración geográfica convierte cualquier alteración del régimen de precipitaciones en un evento de alto impacto.

Las regiones de mayor vulnerabilidad son: la costa norte (Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad), donde se concentran los mayores riesgos de inundaciones, huaicos y desborde de ríos; Lima y Callao, donde la saturación de suelos impermeables combinada con lluvias intensas genera emergencias hídricas, colapso de sistemas de drenaje e interrupción de corredores viales; y la sierra central y sur (Junín, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco, Arequipa, Moquegua, Tacna), que enfrentaran déficit de precipitaciones, sequias agrícolas y reducción de caudales hídricos.

Los corredores económicos más expuestos incluyen: la Panamericana Norte, eje vital para el transporte de productos agrícolas, pesqueros e industriales hacia los puertos de Paita y Salaverry; los valles agrícolas de exportación (Chavimochic, Jequetepeque, Chicama, Chao, Viru), que producen arándanos, uvas, palta, espárragos y mangos; y los puertos del norte (Paita, Salaverry, Chimbote), que concentran el embarque de productos agroexportables.

2. Mapa de impactos geoespacial y sectorial

Mapa del fenómeno El Niño global 2026

2.1. Zonas de alta vulnerabilidad a nivel mundial

A escala global, las zonas de mayor vulnerabilidad ante El Nino 2026 incluyen: el Cuerno de África (Etiopia, Somalia, Kenia, Sudan del Sur), donde la sequía amenaza la seguridad alimentaria de millones de personas; el sudeste asiático (Indonesia, Tailandia, Vietnam, Filipinas), afectado por sequias, olas de calor oceánicas y reducción de producción agrícola; Australia, particularmente su región agrícola oriental, expuesta a sequias severas e incendios forestales; América Central (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua), con déficit de lluvias que afectan cultivos de subsistencia; y el sur de América del Sur (sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, norte de Argentina), expuesto a inundaciones fluviales.

2.2. Perú: Regiones en alerta máxima

En el Peru, el Ministerio de Salud ha identificado como regiones de mayor riesgo a Piura, Tumbes y Lambayeque, seguidas de La Libertad, Ancash, Lima e Ica. Estas regiones concentran antecedentes de inundaciones, desbordes de ríos, activación de quebradas y colapso de infraestructura vial durante episodios anteriores.

En Piura, el gobierno local ha ejecutado apenas el 9.8% de los recursos destinados a obras de prevención de desastres. Entre los proyectos con 0% de ejecución figuran obras de protección en quebradas y riberas de Morropón, Talara, Paita y Las Lomas. En Tumbes, los gobiernos locales apenas ejecutan el 13.2% de los recursos para prevención. Esta baja ejecución presupuestal refleja las limitaciones de gestión que enfrentan muchos gobiernos locales para formular proyectos, completar expedientes técnicos y contratar profesionales capacitados.

En Lima Metropolitana, los distritos de San Juan de Lurigancho, Lurigancho y Chaclacayo figuran entre los más vulnerables a huaicos y deslizamientos. En provincias, destacan Yauyos y Huarochirí. Los principales peligros corresponden a caída de rocas, deslizamientos y flujos de detritos.

2.3. Sectores económicos de alto riesgo

Los sectores económicos más expuestos al impacto de El Nino 2026 en el Perú son: la agricultura y agroexportación, que representa más de 10,000 millones de dólares anuales en exportaciones, con cultivos vulnerables como arándanos (Perú es el mayor exportador mundial), uvas de mesa, palta Hass, mangos y espárragos; la pesca e industria pesquera, afectada por el desplazamiento de la anchoveta y alteración de los ecosistemas marinos; la minería, expuesta a interrupciones por huaicos y colapso de infraestructura vial; el sector energético, particularmente la generación hidroeléctrica que representa el 71% de la capacidad instalada, vulnerable a la variabilidad de caudales; y la infraestructura vial y portuaria, donde los corredores logísticos terrestres y marítimos enfrentan riesgo de colapso e interrupción.

Es importante destacar que el Perú presenta una alta tasa de inseguridad alimentaria. Según el informe de la FAO 2024, el 51.7% de la población peruana se encuentra en situación de inseguridad alimentaria moderada o severa, lo que equivale a aproximadamente 17.6 millones de personas. Este dato sitúa al Perú como el país con mayor prevalencia de inseguridad alimentaria en América del Sur. El impacto de El Nino sobre los precios de los alimentos agrava esta situación, afectando desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.

3. Impacto crítico en la logística de perecederos y la cadena de frío

Impacto de del fenómeno El Niño 2026

3.1. Disrupción de corredores logísticos terrestres

La infraestructura vial peruana ha demostrado ser extremadamente vulnerable ante episodios de El Nino. Los antecedentes son contundentes: durante el Nino Costero de 2017, aproximadamente 2,630 kilómetros de carreteras de la red nacional quedaron afectados, lo que representa más del 10% de la red nacional. Para la reconstrucción de esta extensión, se estimó una inversión superior a los 4,330 millones de soles. Durante el Nino 1997-1998, 880 km de carreteras quedaron obstruidas y 845 km resultaron dañadas.

La Panamericana Norte, corredor vital para el transporte de productos agrícolas desde los valles de La Libertad, Lambayeque y Piura hacia los puertos de Paita y Salaverry, resulto particularmente afectada en 2017. El 80% de las vías nacionales dañadas atravesaban este corredor, con colapso de puentes, destrucción y agrietamiento del pavimento, socavamiento de bermas y proliferación de material particulado. La concesionaria Autopista del Norte S.A.C. reporto que 177 km de sus 356 km concesionados resultaron dañados, cuya reconstrucción costo 271 millones de soles.

El impacto sobre la logística de perecederos es inmediato y severo. Los retrasos en el transporte se traducen en deterioro de productos frescos, interrupción de tratamientos de frio obligatorios para exportación (como el tratamiento de uvas para el mercado estadounidense y chino), incumplimiento de contratos internacionales y perdidas económicas millonarias. Según un estudio del Banco Mundial, en los corredores del norte el 25% de los viajes presentan retrasos, mientras que en el corredor central para café y cacao, los retrasos equivalente a más del 28% del tiempo de viaje referencial.

Un problema particularmente critico es la adulteración de los generadores de energía (Gensets) de los contenedores refrigerados (reefers) por parte de algunos transportistas, quienes desconectan estos equipos para vender ilícitamente el combustible. Esta práctica, documentada en estudios del Banco Mundial, provoca rupturas en la cadena de frio que pueden arruinar cargamentos completos de productos de alto valor agregado.

3.2. Estrés en la cadena de frio

La cadena de frio es el sistema integrado de transporte, almacenamiento y distribución que mantiene los productos perecederos dentro de rangos de temperatura controlados desde su origen hasta el consumidor final. Su funcionamiento depende críticamente de la continuidad del suministro eléctrico, la integridad de la infraestructura vial, la disponibilidad de equipos refrigerados y la coordinación entre múltiples actores.

Durante un evento El Nino, la cadena de frio enfrenta estrés en múltiples puntos simultáneamente. El incremento de temperaturas ambientales eleva la carga térmica sobre los sistemas de refrigeración, aumentando el consumo energético y la probabilidad de fallos. Las interrupciones del suministro eléctrico por danos en líneas de transmisión y torres obligan a recurrir a sistemas de respaldo. La congestión vial y los cierres de carreteras extienden los tiempos de tránsito, poniendo a prueba la autonomía de los equipos de refrigeración portátiles.

Los datos son elocuentes: aproximadamente el 20% de los productos sensibles a la temperatura se dañan durante el transporte debido a un control inadecuado. En el sector alimentario, cerca del 40% del desperdicio mundial de alimentos se atribuye a fallas en la cadena de frio. En el caso específico del Perú, un estudio del Banco Mundial documento mermas promedio del 5% y 7.5% del envío en los corredores de uva Ica-Callao y Piura-Paita respectivamente, atribuibles a fluctuaciones de temperatura durante el transporte.

Para las vacunas y productos farmacéuticos, el daño por ruptura de cadena de frio es acumulativo e irreversible. Una vez que una vacuna ha sido expuesta a temperaturas fuera del rango de +2C a +8C, su potencia inmunológica queda comprometida y no puede recuperarse aunque se restablezca la temperatura correcta. Esto implica no solo perdidas económicas sino riesgos para la salud pública y desabastecimiento de inmunobiológicos en momentos críticos.

3.3. Efecto dominó en abastecimiento y costos

El impacto de El Nino sobre las cadenas de suministro de perecederos no se limita a las perdidas directas por deterioro de productos. Genera un efecto dominio que se propaga a lo largo de toda la cadena, afectando precios, disponibilidad, planificación y relaciones comerciales.

En términos de precios, el Banco Central Europeo estima que el aumento en la temperatura de tan solo un grado ocasionado por El Nino puede incrementar el precio de los alimentos un 6% en un ano. Un modelo de Bloomberg Economics encontró que periodos anteriores de El Nino agregaron casi 4 puntos porcentuales a los precios de materias primas no energéticas y 3.5 puntos a los precios del petróleo. Deutsche Bank advierte que los precios de productos básicos alimentarios como café, azúcar y cacao ya han comenzado a aumentar considerablemente.

Para el Perú, la experiencia es clara: los anos con gran incremento en los precios de los alimentos fueron 2017 (ultimo Nino Costero) y 2022 (pico global), periodos en los que la pobreza se incrementó pese a tener crecimiento positivo del PBI. Las líneas de pobreza monetaria por departamento, que están en función del costo de una canasta alimentaria, crecieron más en 2022 desde que se tiene registro.

El efecto dominio se extiende a: la planificación de producción, que debe adaptarse a condiciones climáticas impredecibles; los contratos de exportación, que enfrentan cláusulas de incumplimiento por demoras o calidad inferior; los seguros de transporte y mercancías, cuyas primas se encarecen por mayor percepción de riesgo; y la disponibilidad de equipos logísticos (contenedores refrigerados, camiones, almacenes), que escasean por demanda concentrada en periodos de emergencia.

3.4. Riesgos sanitarios y regulatorios asociados

Las condiciones climáticas extremas asociadas a El Nino generan riesgos sanitarios que impactan directamente sobre la cadena de suministro de alimentos y productos perecederos. Las inundaciones y acumulación de aguas estancadas favorecen la proliferación de vectores de enfermedades como dengue, zika, chikungunya y malaria, que no solo afectan la salud de la población sino también la disponibilidad de mano de obra para las actividades agrícolas y logísticas.

El colapso de infraestructura de saneamiento básico y sistemas de agua potable aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por agua y alimentos, incluyendo colera, infecciones gastrointestinales y parasitosis. La contaminación de cosechas por aguas residuales o sedimentos arrastrados por inundaciones puede resultar en rechazo de productos por parte de mercados importadores, con consecuencias comerciales severas.

Desde el punto de vista regulatorio, las autoridades sanitarias y fitosanitarias de los países importadores imponen controles adicionales a productos procedentes de zonas afectadas por desastres naturales. El Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) y las autoridades de aduana intensifican las inspecciones, lo que genera demoras adicionales en los puertos y mayor probabilidad de asignación a canales de inspección roja, con costos y riesgos para la cadena de frio.

4. Estrategias para prevenir, actuar y recuperarse

Contenedores refrigerados de 20 pies

Esta sección constituye el núcleo operativo de la presente nota. El objetivo no es ofrecer recetas mágicas, sino pautas concretas, basadas en la experiencia y el análisis de riesgos, que permitan a los actores logísticos fortalecer su resiliencia ante El Niño 2026.

4.1. Fase de preparación: Blindando la operación antes del impacto

La fase de preparación es, sin lugar a duda, la más importante y la que mayor retorno sobre la inversión genera. La experiencia demuestra que cada dólar invertido en preparación y mitigación del riesgo ahorra entre 4 y 7 dólares en respuesta y recuperación posteriores.

  1. Evaluación y mapeo de riesgos: El primer paso consiste en evaluar y medir la capacidad de mitigar riesgos. Esto implica mapear la cadena de suministro completa, identificar proveedores directos e indirectos y sus ubicaciones geográficas, priorizar aquellos en regiones históricamente afectadas por El Nino, y desarrollar planes B con alternativas en regiones menos expuestas. Según el Foro Económico Mundial, solo el 7% de las empresas logra transparencia en varios niveles de la cadena de suministro. Esta falta de visibilidad compromete la resiliencia.
  2. Diversificación de proveedores y rutas: Contar con proveedores alternativos homologados, rutas secundarias y diferentes opciones de transporte permite mantener el flujo de mercancías incluso cuando una vía principal falla. Esto incluye la evaluación del cabotaje marítimo como alternativa al transporte terrestre cuando las carreteras están interrumpidas. Expertos peruanos estiman que la Ley de Cabotaje podría reducir en cerca de 20% los fletes internos.
  3. Gestión estratégica de inventarios: Mantener stocks de seguridad de productos críticos permite absorber interrupciones temporales sin afectar el nivel de servicio. Para productos perecederos, esto implica una planificación cuidadosa que equilibre eficiencia y seguridad, evitando tanto roturas de stock como excesos innecesarios. Se recomienda establecer existencias de emergencia equivalentes al menos a un mes de consumo promedio.
  4. Fortalecimiento de la cadena de frio: Esta es una prioridad absoluta. Las acciones incluyen: inspección y mantenimiento preventivo de todos los equipos de refrigeración; aseguramiento de fuentes de energía de respaldo (grupos electrógenos, powerpacks, sistemas solares); verificación de la integridad de contenedores refrigerados y sellos térmicos; capacitación del personal en protocolos de manejo de emergencias; y instalación de sistemas de monitoreo en tiempo real de temperatura y humedad (IoT).
  5. Desarrollo de planes de contingencia: Un plan de contingencia efectivo debe especificar desencadenantes (que evento activa el plan), propietarios y poder de decisión, proveedores y etapas de calificación, protocolos de comunicación con clientes y prioridades. Debe ser probado mediante simulacros regulares y actualizado periódicamente.
  6. Alianzas estratégicas y colaboración: En momentos de crisis, la colaboración entre actores del sector se vuelve fundamental. Esto incluye acuerdos de ayuda mutua entre empresas logísticas, coordinación con autoridades y organismos de emergencia, y participación en redes de resiliencia como ARISE (Alianza del Sector Privado para Sociedades Resilientes ante Desastres).

4.2. Fase de respuesta: Acciones reactivas y gestión de crisis

Cuando el impacto se materializa, la velocidad y coordinación de la respuesta determinan la magnitud de las pérdidas y el tiempo de recuperación. Una respuesta efectiva requiere coordinación, recursos preposicionados y toma de decisiones rápida.

  1. Activación inmediata del plan de contingencia: La respuesta debe ser rápida y coordinada. Esto incluye la activación de protocolos de comunicación con todos los actores de la cadena, la movilización de recursos previamente identificados y la toma de decisiones por parte de las personas designadas.
  2. Despliegue de recursos de respaldo: Los contenedores refrigerados (reefers) disponibles para despliegue rápido en zonas afectadas son una herramienta critica. Estos equipos pueden funcionar como almacenamiento de emergencia cuando las instalaciones fijas han sido dañadas o como puntos de distribución móviles. Los powerpacks y grupos electrógenos garantizan la continuidad de la refrigeración cuando el suministro eléctrico principal falla.
  3. Monitoreo continuo y toma de decisiones en tiempo real: Las tecnologías IoT permiten monitorear en tiempo real las condiciones de temperatura, humedad y ubicación de los productos durante el transporte y almacenamiento. Los sensores inteligentes activan alertas automáticas cuando se detectan desviaciones, permitiendo intervenciones correctivas antes de que el producto se deteriore.
  4. Coordinación con autoridades y organismos de emergencia: La articulación con el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD), INDECI, los Gobiernos Regionales y locales es esencial para facilitar el acceso a zonas afectadas, obtener permisos de circulación y coordinar la entrega de ayuda humanitaria.
  5. Documentación y registro de acciones: Es fundamental documentar todas las acciones ejecutadas durante la respuesta para fines de seguimiento, evaluación y aprendizaje. Esto incluye registros fotográficos, actas de entrega, informes de danos y registros de tiempos de respuesta.

4.3. Fase de recuperación: Aprendizaje y reconstrucción

Una vez superada la emergencia aguda, comienza la fase de recuperación, que debe aprovecharse como oportunidad de aprendizaje y fortalecimiento.

  1. Evaluación de danos y perdidas: Realizar una evaluación exhaustiva de los danos sufridos por infraestructura, equipos, productos y operaciones. Esto incluye la cuantificación de perdidas directas e indirectas, la documentación para fines de seguros y la identificación de los puntos críticos donde la cadena de suministro fallo.
  2. Lecciones aprendidas y actualización de planes: Elaborar un informe de lecciones aprendidas que identifique que funciono bien, que fallo y por qué, y que mejoras deben implementarse en los planes de contingencia, protocolos de operación y estrategias de preparación.
  3. Reconstrucción con enfoque de resiliencia: La reconstrucción de infraestructura y sistemas debe incorporar criterios de resiliencia climática, elevando los estándares de construcción, diversificando las fuentes de riesgo y mejorando la capacidad de respuesta ante futuros eventos.
  4. Fortalecimiento de capacidades: Invertir en capacitación del personal, modernización de equipos, implementación de tecnologías de monitoreo y mejora de procesos para estar mejor preparados para el siguiente evento.

5. Zabarburu frente al Fenómeno El Nino 2026

Contenedores refrigerados de Zabarburu en campo de cultivo de arándanos

Como parte de nuestra filosofía corporativa, social y ambiental, en Zabarburu estamos listos para afrontar este fenómeno que directamente afectara nuestra línea de negocio. Estamos convencidos de que la prevención es la única estrategia sensata frente a una amenaza cuya llegada es cierta y cuyos efectos serán significativos.

5.1. Filosofía preventiva como eje

En Zabarburu creemos firmemente que adoptar una filosofía de prevención es la actitud correcta en este tipo de situaciones, y no actuar reactivamente cuando ya es demasiado tarde. Desde esta convicción, hemos diseñado un programa estratégico preventivo que abarca todas las fases del ciclo de gestión del riesgo: preparación, respuesta y recuperación.

Nuestra aproximación se basa en la premisa de que la alerta ya está allí. Estamos avisados, y eso implica una responsabilidad: prepararnos para responder de forma conveniente y no caer en la improvisación.

Nuestro enfoque preventivo se traduce en:

  • Programa estratégico preventivo, no reactivo: Estamos diseñando un programa integral de preparación que abarca desde el reforzamiento de nuestra capacidad operativa hasta la creación de redes de apoyo con otros actores del sector.
  • Análisis de riesgo continuo: Monitoreamos permanentemente las proyecciones climáticas, el estado de los corredores logísticos y la vulnerabilidad de nuestra operación y la de nuestros clientes.
  • Inversión en capacidad de respuesta: Reforzamos proactivamente nuestros recursos para garantizar que, cuando se necesite, podamos responder con rapidez y efectividad.

5.2. Infraestructura logística de contingencia

Nuestros contenedores refrigerados (reefer) estarán listos para desplegarse en cualquier lugar que nuestros clientes lo necesiten. Estos equipos, que funcionan como cámaras frigoríficas móviles, ofrecen una solución instantánea para aumentar la capacidad de almacenaje sin grandes inversiones en infraestructura fija, gestionar picos de demanda estacionales o proporcionar almacenamiento en frio en ubicaciones temporales o remotas.

Estamos reforzando nuestra capacidad energética con Powerpacks y grupos electrógenos (Gensets) para garantizar la continuidad de la cadena de frio y evitar el deterioro de alimentos perecederos de primera necesidad que muchas veces se producen en el campo. La energía es el corazón de la cadena de frio, y su continuidad es no negociable.

También estamos diseñando rutas de transporte de contingencia para prever el colapso de las rutas terrestres. Esto incluye la evaluación de alternativas por cabotaje marítimo, rutas alternativas por sierra y la identificación de puntos de consolidación y distribución en zonas de menor riesgo.

Asimismo, estamos realizando acuerdos y alianzas estratégicas con actores del sector para afrontar esta situación latente y negativa de manera coordinada. La colaboración es clave cuando los recursos escasean y la demanda se concentra.

5.4. Invitación a la acción conjunta

Ante este escenario, invitamos a todos los actores de la cadena de suministro a adoptar un enfoque preventivo. Este fenómeno no debe tomarnos por sorpresa. La preparación compartida, la coordinación anticipada y la colaboración entre el sector privado, las autoridades y la comunidad son nuestras mejores herramientas para enfrentar los próximos desafíos. La resiliencia no es una meta individual, sino colectiva. Cuando una cadena de suministro resiste, todos sus eslabones se benefician; pero cuando uno falla, el efecto dominó nos impacta a todos. Por ello, la preparación de cada actor es una contribución indispensable para la estabilidad de todo el sistema.

Conclusiones y recomendaciones finales

El Fenómeno El Nino 2026-2027 representa una amenaza real, inminente y de magnitud potencialmente excepcional para las cadenas de suministro de productos perecederos a nivel global y, particularmente, en el Peru. Las proyecciones de los principales centros climáticos mundiales, confirmadas por los informes oficiales de ENFEN, indican un evento de intensidad fuerte a muy fuerte que coincidirá en sus efectos costeros y globales, generando un escenario de estres multiplicado.

El impacto sobre la logística de perecederos será severo. La disrupción de corredores viales terrestres, el estrés en la cadena de frio, los efectos dominio en abastecimiento y costos, y los riesgos sanitarios y regulatorios asociados conforman un escenario que pondrá a prueba la resiliencia de todos los actores del sector.

Sin embargo, esta amenaza es manejable para aquellos actores que adopten una actitud preventiva y se preparen con anticipación. La experiencia histórica, la ciencia del riesgo y las mejores prácticas internacionales demuestran que la preparación genera retornos significativos en términos de reducción de perdidas, continuidad operativa y recuperación acelerada.

Las recomendaciones finales que emergen de este análisis son:

  • Actuar ahora: La ventana de preparación se está cerrando. Cada semana de retraso reduce las opciones disponibles y aumenta los costos de última hora.
  • Evaluar la cadena de suministro completa: Identificar vulnerabilidades en proveedores, rutas, equipos y procesos. El riesgo está donde no se mira.
  • Fortalecer la cadena de frío: Invertir en mantenimiento preventivo, energía de respaldo, monitoreo en tiempo real y capacitación del personal.
  • Desarrollar planes de contingencia robustos: Estos deben ser específicos, probados, actualizados y coordinados con todos los actores relevantes.
  • Diversificar riesgos: Contar con proveedores alternativos, rutas secundarias, modos de transporte complementarios y stocks estratégicos.
  • Colaborar: La resiliencia es colectiva. Las alianzas estratégicas, la coordinación con autoridades y el trabajo en red son herramientas indispensables.

El Fenómeno El Nino 2026 es, ante todo, una prueba de resiliencia. No solo de nuestra infraestructura física, sino de nuestra capacidad de planificar, coordinar y actuar con anticipación. La alerta esta allí. La pregunta no es si vendrá, sino si estaremos preparados cuando llegue.

En Zabarburu, hemos tomado nuestra decisión: estamos preparándonos. Y desde aquí extendemos la invitación a todos los actores de la cadena de suministro para que hagan lo mismo. Juntos, podemos transformar una amenaza en una oportunidad de fortalecimiento. Juntos, podemos demostrar que la prevención es la mejor respuesta.

Acerca del autor:

Jeny Zabarburú es Gerente General de Zabarburu Business Group, con más de 25 años de experiencia en la dirección de operaciones en logística refrigerada y comercio internacional. A lo largo de su trayectoria ha consolidado un liderazgo reconocido en la industria de la cadena de frío para productos perecederos, impulsando activamente las Buenas Prácticas y la Sostenibilidad como pilares fundamentales del sector.

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Fenómeno El Niño 2026: El reto logístico de los perecederos

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